9 de septiembre de 2026
Acerca de Desde el taller

Visitando talleres, galerías o en mis conversaciones con artistas con los que trabajo, hay algo que siempre aparece, que está ligado a la idea central que queríamos trabajar en la exposición Desde el Taller II: la del desvío como posibilidad durante un momento del proceso artístico en el que algo deja de responder. Una técnica que tal vez ya no alcanza, una idea que parecía conducir la obra pierde fuerza, o formas conocidas comienzan a repetirse sin que lo busquemos. Tal vez algo que durante un tiempo funcionó como certeza puede convertirse en un límite y nos encontremos en un estado de bloqueo. Una buena estrategia para ese momento puede ser mover el foco y realizar un desvío en el pensamiento y en la acción. Mirar desde afuera, cambiar una manera de hacer, abandonar una búsqueda demasiado insistente. Correrse incluso de aquello que creemos que somos capaces de producir y dejar un espacio disponible, un vacío. Porque en los procesos artísticos nada está completamente clausurado. Una obra puede encontrar una dirección allí donde ya no la buscábamos. Puede volver sobre algo que habíamos descartado, recuperar una intuición que parecía agotada o hacer aparecer una relación que no formaba parte de la idea inicial. Lo que emerge no siempre responde a una voluntad. A veces aparece cuando dejamos de conducir, cuando aceptamos que no todo tiene que ser reconocido, dominado o resuelto de antemano. Y para eso hace falta hacer lugar. Dejar atrás aquello que conocemos demasiado bien. En ese pequeño territorio que queda cuando nos corremos de nosotros mismos puede encontrarse un camino alternativo, una posibilidad que todavía no podemos definir y que justamente por eso puede sorprendernos. El proceso artístico se presenta entonces como un espacio de posibilidad, un lugar donde la sensibilidad permite reconocer relaciones todavía impensadas y donde aquello que parecía agotado, descartado o imposible puede adquirir otra vida al entrar en una nueva constelación. En esta reconfiguración, las categorías que usábamos para organizar nuestro trabajo pueden dejar de ser suficientes y necesitamos otras palabras para describir un nuevo camino, basado en otras referencias. Activar este momento supone entender la investigación artística como un movimiento constante: un proceso que avanza, retrocede, vuelve sobre sí mismo y se transforma. Incluso cuando una obra parece encontrar una forma definitiva, el proceso no necesariamente se detiene. Algo puede seguir desplazándose, modificándose y abriendo nuevas posibilidades.